El emprendedurismo transforma la nación

por Margarita Cedeño de Fernandez

Los cimientos del desarrollo de las grandes naciones del mundo se han sostenido en dos pilares imprescindibles: innovación y emprendedurismo.

Los emprendedores son la columna vertebral de las economías estables, son la chispa que enciende los cambios sociales, el motor del desarrollo local y los impulsores de la lucha contra la inequidad social.

Iniciar un negocio en cualquier parte del mundo, tiene un gran efecto multiplicador para el desarrollo de una sociedad. Es un efecto que ha venido adquiriendo creciente importancia en el plano de la política económica, por la complejidad del proceso y por los diversos factores sociales, culturales y económicos, cuya importancia, de acuerdo a un documento publicado por Rubén Ascúa de la CEPAL, “radica en su contribución al crecimiento económico, al desarrollo de nuevos actores para completar y diversificar cadenas de valor y clusters, a la creación de empleo, al fortalecimiento de los procesos de innovación y la promoción del recambio generacional del empresariado”.

En Estados Unidos y en naciones de Europa y Asia, vemos la importancia que las sociedades otorgan a la innovación y al emprendedurismo. Las Universidades norteamericanas promueven entre sus estudiantes la capacidad de emprender como un principio transversal de la formación académica.

Un estudio reciente hecho en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), demuestra que los alumnos de ese prestigioso Centro de Estudios han creado más de 30 mil compañías, que emplean 3.3 millones de personas y generan ventas de alrededor de 2 billones de dólares anuales. De su parte, la Comisión Europea ha realizado una convocatoria para financiar proyectos de emprendedores europeos, para lo cual ha destinado 100 millones de euros sólo este año.

En el caso de América Latina y el Caribe, aún mostramos cierto rezago. Las limitaciones presupuestarias de los Gobiernos y la reciente crisis económica mundial, han llevado a la disminución de la inversión en innovación y desarrollo (I+D) de nuestros países, lo que nos atrapa en un círculo vicioso de decrecimiento.

Sin embargo, como región, necesitamos emprender más. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha advertido de la necesidad de promover el emprendedurismo en América Latina. En 15 años se deberán crear 425 millones de puestos de trabajo en el mundo, por lo que CEPAL recomendó a los jóvenes “crear sus propias posibilidades y no esperar a ser empleados”.

El emprendedurismo no sólo aporta al desarrollo económico. Es una vía para la equidad de género, para la redistribución de los ingresos, para la justicia social, para lograr ciudades más seguras, más saludables y más educadas. Es una herramienta idónea para combatir la pobreza.

De ahí surge el concepto de emprendedurismo social, como aquella innovación transformadora que genera un modelo de negocios sostenible con un objetivo social. Es un emprendedurismo que está enfocado en la transformación de las vidas de los beneficiarios, a la vez que aborda un problema general de la sociedad.

Los emprendimientos sociales dan respuesta a necesidades sociales, brindando oportunidades de empleo a grupos marginados. Mejoran la calidad de los servicios sociales; fortalecen los programas de Transferencias Monetarias Condicionadas; fomenta prácticas éticas que cohesionan la sociedad. Pero más que nada, el emprendedurismo social crea ciudadanos conscientes en capacidad de implementar cambios positivos en la sociedad.

Este es uno de los conceptos que más debemos promover en el país. Nuestras Universidades tienen que incluir cátedras sobre emprendimiento social, como ha sucedido en Singapur y en Brasil. A través de nuestras incubadoras debemos promover empresas con sentido social, en capacidad de aportar soluciones a los problemas de nuestro país.

En toda Latinoamérica se han implementado muchos proyectos sociales para superar la pobreza y la desigualdad, los cuales deben ser aprovechados por el Gobierno a través de Alianzas público-privadas que busquen erradicar la pobreza extrema, tal y como han afirmado Francisco Tancredi y Nohra Rey de Marulanda, autores del libro “De la innovación social a la política pública. Historias de éxito en América Latina y el Caribe”.

Así hemos hecho desde la Vicepresidencia de la República con la Alianza contra la Pobreza, que busca aprovechar los emprendimientos sociales del sector privado a favor de una lucha conjunta por un país mejor.

República Dominicana necesita de la innovación y el desarrollo emprendedor para triunfar frente a los retos que enfrenta. Una sociedad de emprendedores es un sueño realizable para nuestro país.

En cada acto de innovación, en cada acto de emprendimiento, hay dos grandes partes: el sueño y la acción. Como dice una frase anónima: “Algunas personas sueñan con hacer grandes cosas, mientras que otras se despiertan y las hacen…”. ¡Hagámoslo! Pongamos Manos a la obra para seguir Progresando con Solidaridad.

fuente Listin Diario.-

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Autor: Emprendedores Dominicanos

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