Las Caídas del Emprendimiento

En Santo Domingo, últimamente,  se han estado realizando  actividades para el desarrollo del ecosistema emprendedor. A pesar de que algunos le consideramos una excelente herramienta para satisfacer necesidades de clientes potenciales y llevar a cabo un negocio exitoso, existen una serie de errores que a menudo cometemos, los cuales, al margen de la metodología que llevemos a cabo, pueden convertir nuestro sueño en una horrible pesadilla, o en el mejor de los casos, en una triste decepción.

Escoger el Socio Perfecto de cara a tus Clientes

Esta es (aunque no lo crean) la principal razón de fracaso de una startup. En la primera empresa que fundé, a mis meros 18 años de edad, aprendí que todo negocio surge de una necesidad propia. En ese momento, un par de amigos de la universidad y yo decidimos que, la forma perfecta de poder irnos de vacaciones, disfrutar de los polos turísticos y disfrutar la juerga sin tener dinero heredado, era producir nosotros mismos las actividades.

Y fue así como nació esta startup, un tour operador orientado principalmente al mercado universitario, el cual por varios años nos hizo dormir tarde (a veces temprano en la mañana) y aumentar nuestra resistencia física a evitar fiestas descontroladas. Sin embargo, tarde o temprano llegaría nuestra división.

En esa ocasión, se trató del típico socio que no realiza ninguna acción productiva y crítica toda acción que realice que produzca monetización. Lo cierto es, que toda empresa debe responder a sus clientes, antes que a sus propios accionistas, puesto que son ellos los que determinan el rumbo productivo de la empresa, y no al revés.

La Ley de los Recursos de Al Ries & Jack Trout

Si existe algo cierto, es que toda buena idea debe responder a un mercado, y por ende, ser productiva. Pero más cierto aun, es que todo negocio llega un punto en que necesita recursos para crecer o acelerarse, o de lo contrario, fracasará. He aquí donde entra La Ley de los Recursos de Al Ries & Jack Trout.

En uno de mis últimos emprendimientos tuvimos un éxito fenomenal. El ritmo de crecimiento de las ventas superaba el 135% por mes (SI, POR MES) durante los primeros dos años. Algo fuera de lo común. Hasta que decidimos irnos en grande, produciendo una estrategia de crecimiento basándonos en proyecciones.

Resulta que, decidimos aventurarnos y ampliamos stock, aumentamos el territorio de ventas, contratamos mas personal, aumentamos la capacidad tecnológica y realizamos acciones mercadológicas y publicitarias como nunca antes. El error estuvo en que todo esto lo hicimos en base a apalancamiento bancario. Rechazamos inversionistas porque entendíamos que no necesitábamos a nadie mas, solo nuestros bancos.

Lo cierto es que al cabo de 2 años no aguantamos la presión financiera y optamos por cerrar nuestra ampliación, haciéndonos aun mas pequeños de lo que éramos antes. Esto me enseñó, que un proyecto, si no cuenta con los recursos necesarios para llevarse a cabo, estará destinado al fracaso.

Hago estos dos ejemplos, uno empírico, totalmente aprendido por ensayo-error, el otro, por omisión de conocimiento universitario, denotando que el emprendimiento es claramente una constante prueba. Nadie aprende en cabeza ajena. Vamos aprendiendo sobre la marcha, luego nos damos cuenta qué funciona y qué no.

Las historias favoritas de contar por emprendedores de éxito son aquellas en las que hablan de sus fracasos. ¿Acaso será coincidencia? La verdad no lo sé. Yo he caído en múltiples veces y me he levantado muchas más. Este es, tal vez, el mejor consejo que puedo dejarles.

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Autor: Hector Peña

Mercadólogo con Postgrado en Inbound Marketing & Branded Content, MBA en Estrategia, Emprendedor y Aprendiz de Político, pero nada de eso me define como persona.

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