El Producto Mínimo Viable (MVP)

Si revisamos los textos de Administración, Mercadotecnia y Comercio existente en nuestras bibliotecas, podremos notar que casi nada se ha escrito sobre cuando sacar un producto al mercado o cuando mantenerlo encerrado bajo pruebas internas.

En una reunión esporádica hace unos días, conocí mi enésimo caso de miopía del emprendimiento. Me explicaré. Un muy buen producto, una idea bastante completa, un mercado global probado, pocos competidores existentes, una ventaja de costos razonable y un respaldo financiero suficiente. Tal vez, el sueño ideal de cualquier emprendedor. Sin embargo, existía un problema. El producto completaba 2 años en desarrollo y cientos de miles de dólares invertidos.

Esto resulta no resulta un problema si eres Elon Musk, creando la empresa automotriz más innovadora del mundo. O si eres Jack Dorsey, creando la nueva forma de transferencia de dinero de manera electrónica. Por supuesto, ellos ya tienen una trayectoria de éxito, y de paso, billones de dólares a su alcance con tan sólo presentar una idea. Sin embargo, no es lo que se esperaría de un emprendedor latinoamericano sin nada de historial.

He aquí donde entra el concepto de Producto Mínimo Viable (MVP, por sus siglas en inglés de Minimum Viable Product). Esto no es más que la versión más simple, comercializable, de tu idea. Significa, que por más grande que sea la idea que tienes para tu producto, existen una serie de características mínimas que satisfacen una necesidad de tus clientes, no más no menos.

Es necesario entender este concepto, inicialmente para demostrar que existe un mercado para tu producto. Es decir, que realmente tu idea satisface una necesidad latente en el mercado, el cual es lo suficientemente grande como para generar ganancias y traer retornos a tus inversionistas. Segundo, este MVP, te permitirá obtener un conocimiento de tu mercado, depurando aquellas ideas que pensabas que eran excepcionales, pero que al mercado le importan un bledo. Y por último, te permite crear un historial para inversión, ya que si has demostrado que el producto satisface un mercado, que puede ser rentable y tienes un plan de crecimiento junto a una estrategia acorde a la información que has obtenido del mercado, puedes valorar tu idea, producto u organización de manera que los inversionistas entiendan confiable, y por ende justa.

La moraleja de esta explicación es sencilla. Tienes tu idea, pero no tienes la necesidad de desarrollarla completamente. Tan sólo basta con plasmar en papel las posibles necesidades que satisface, y establecer prioridades de estos puntos de dolor (pain points) del cliente, a modo que se desarrolle exactamente lo que espera el cliente, no más.

Luego, se prueba en el mercado la idea potencial, y si esta demuestra que obtiene acogida, se procede a completar las características o a desarrollar otros atractivos de la idea. Antes de darte cuenta, tu mercado ya estará cautivo y probablemente los inversionistas se acercarán para apoyarte en la aventura.

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Autor: Hector Peña

Mercadólogo con Postgrado en Inbound Marketing & Branded Content, MBA en Estrategia, Emprendedor y Aprendiz de Político, pero nada de eso me define como persona.

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